Renée Jeanne Falconetti en ‘La pasión de Juana de Arco’ [1928] por Carl Theodore Dreyer

Situémonos a principios del siglo XV, cuando Francia se encontraba en el caos; sumida en una guerra civil, es invadida por los ingleses en una nueva arremetida en la Guerra de los Cien años. Habiendo ya conquistado el norte de Francia, viene el último y más audaz de los pasos: sitiar la ciudad de Orleans, barrera protectora en el Valle de La Loira que protegía el sur del país.

El rey Carlos VI, perseguido por crisis psicóticas intermitentes tomaba decisiones catastróficas o simplemente, se quedaba inmóvil, sin hacer ni resolver absolutamente nada. Su entorno se deshace en luchas de poder, generando una guerra civil. Al iniciar la tercera década del siglo, el panorama es el siguiente: del lado inglés muere Enrique V de Inglaterra en 1422, y su hijo, Enrique VI, es un bebé de nueve meses.

Del lado de Francia, Carlos VI, totalmente incapacitado por su enfermedad mental firma un tratado en 1420 reconociendo a Enrique V como su sucesor, también muere en 1422 y Enrique VI es sucesor al trono de Inglaterra y de Francia. Pero lo sucede Carlos VII, a quien su padre en medio de su psicosis había declarado bastardo.

En estas circunstancias, sólo reinaban la desolación y el inconformismo ante el predominio avasallante y acelerado de Inglaterra que devoraba tierras francesas. Únicamente una fuerza extraña y sobrenatural — o esas cosas que parecen increíbles y hasta infantiles, pero que suceden -, podrían salvar esta situación. Aparece en escena una jovencita de dieciséis años, que dice haber recibido un mensaje divino que le indicaba la urgencia que de ella tenía Francia para salvarse de Inglaterra.

Insólito resulta al percatarse de que se trata de una joven campesina, que no sabe leer ni escribir, que no recibió una educación religiosa sino la de sus padres y del cura de la aldea. Y, a pesar de parecer una locura de pies a cabeza, se le permite hablar con Carlos VII. Aún sin conocerlo y habiéndose escondido entre los cortesanos, ella lo reconoce y le proporciona el trato que se merece: lo llama “Delfín” o sea heredero del rey de Francia.

Va vestida de hombre, porque así lo ha resuelto. Y la llaman “doncella” que significa virgen. Es un detalle importante porque en la Edad Media reinaba la idea de que la virginidad de la mujer era un don de pureza extraordinario, que la ponía por encima de los demás mortales. Existe, para completar, el significado que en esa época le daban a la virginidad, una leyenda medieval en que se hace un mito del Unicornio porque nadie puede domarlo, con excepción de una virgen pura. Es decir, la virginidad no es sólo pureza sino poder sobrenatural que vence a las bestias indomables.

Ella se presentó ante Carlos VII vestida de hombre y esto también tiene sentido mágico. Este hecho simboliza adquirir las virtudes viriles, lo cual es magia. Una de las formas de la magia consiste en asimilar el ser de otra persona distinta, tomando cosas que le pertenecen. En ella existía una simbiosis de poder masculino y femenino, puro y decidido; un dominante y subyugador encanto sobrenatural.

No obstante, hay una duda acerca de las extraordinarias proposiciones de esta joven: ¿es una enviada del diablo o de Dios? Ante semejante confusión, la jovencita propone tres metas: 1) liberar a Orleans del asedio de los ingleses, 2) penetrar en el territorio dominado por los ingleses y llegar a la población de Reims, que era tradicionalmente el lugar donde los reyes de Francia eran consagrados, para proclamar allí a Carlos VII — quien sería verdaderamente el rey de Francia, esta consagración simbólica tenía un gran valor sentimental para el país — y, 3) arrojar al mar a los ingleses y reunir de nuevo todo el reino de Francia bajo la corona de su rey natural. Carlos VII accede y pone bajo su mando los mejores hombres de su ejército.

Estos experimentados guerreros que la acompañan sienten lo que no han sentido ni sentirán jamás: les parece estar cumpliendo una misión sobrenatural, ¡Sienten que van protegidos por la fuerza de los dioses! ¿Y qué logran? Logran cumplir los dos primeros propósitos. Juana de Arco proclama en Reims a Carlos VII como rey de Francia.

Pero sucede algo inesperado: en una lucha, si se quiere, periférica, cae prisionera y, después de una serie de trámites, va a parar a manos de los ingleses quienes, a como dé lugar, tienen que anular la proclamación de Carlos VII. Pretenden, a través de un juicio teológico, demostrar que ella no es una enviada de Dios, sino del diablo y que, por lo tanto, todo lo realizado por ella no tiene validez alguna. Con mucha habilidad, sin aparecer ellos, la entregan al juicio de unos doctores en Teología de la Universidad de París, a cuya cabeza está el célebre obispo Pierre Cauchon. Él y sus secuaces lo que quieren es sencillamente condenarla y borrar del mapa sus logros.

Pero, por más que tratan de confundirla con extrañas y extravagantes preguntas, no lo logran; ella responde con llaneza y sinceridad. Sin embargo, como se ha decidido desecharla, luego de un proceso de varios meses, la condenan a morir en la hoguera. Entretanto, el Delfín, Carlos VII, no mueve ni un dedo por quien ha hecho tanto por él. No intenta rescatarla, está sumido en la quietud más absoluta. Juana de Arco, completamente abandonada, es llevada al suplicio. Varios de los soldados ingleses que presencian el martirio lloran.

En 1456, Carlos VII resuelve hacer un proceso de rehabilitación y se comprueba la gran injusticia cometida contra Juana de Arco. En 1920, el Papa Benedicto XV la canoniza y la proclama Santa Juana de Arco.

Juana de Arco es una figura que, casi más que a la historia, pertenece a la leyenda y que es tal vez la gloria más pura de Francia y casi seguramente la más conmovedora figura de la historia. Pienso que la vida de Juana de Arco nos lega un mensaje de profundo patriotismo, humanidad y hasta lástima por la suerte que le deparó finalmente el destino.

Cuando leo sobre héroes y observo la cantidad de injusticias que con ellos se han cometido, se afianza más en mí la idea de que nada de lo proveniente de la humanidad es completo: 1) Cuando hay héroes, hombres sacrificados y bondadosos, la humanidad, a la hora de la verdad, les da la espalda (por ejemplo, Bolívar ¡tanto sacrificio para morir de esa manera!) o 2) cuando, por lo explicado en el aparte 1, un país o a veces hasta la humanidad entera decide no soñar con convertirse en héroe. En otras palabras, ¿Quién hoy en día quiere ser un héroe? ¿Quién tiene la valentía de dar hasta la vida por un objetivo noble?

Psychiatrist & Writer — Writing and meditating at the intersection of psychiatry, philosophy, Buddhism and the arts. More information at www.lidaprypchan.com

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